La IA tiene un potencial de transformación extraordinario, pero no es un fin en sí mismo para las empresas. Xavier Marcet.
En el marco de la jornada de clausura del AI Adoption Program 2025-2026, un proyecto financiado por el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia – Financiado por la Unión Europea – NextGenerationEU, Xavier Marcet ofreció una conferencia que aportó perspectiva estratégica en un momento de fuerte aceleración tecnológica. En un programa centrado en la aplicación real de la inteligencia artificial en entornos industriales, su mensaje fue claro desde el inicio:
“Las empresas no viven de la IA, viven de sus clientes.”
La IA tiene un potencial de transformación extraordinario, pero no es un fin en sí mismo. Marcet habló de la ola de la IA, de la marea digital que lleva años avanzando y de las corrientes profundas -como las climáticas- que realmente configuran el contexto empresarial. Destacó que, con o sin revolución digital, las empresas que sobreviven son siempre aquellas que han sabido mantener clientes y generar margen.
Mencionó la Ley de Amara para explicar que, cuando la ola sube, parece que todo cambiará de inmediato. Después comprobamos que el cambio es más complejo y más lento de lo previsto. Minimizar el impacto de la IA es ingenuo; exagerarlo, también.
El foco, insistió, no debe ponerse en la tecnología en abstracto, sino en cómo producimos mejor y cómo atendemos mejor las necesidades del cliente. La productividad no puede darse por supuesta. Las eficiencias son necesarias para competir. La ventaja competitiva -en términos de Porter- sigue siendo hacer lo mismo que los demás a menor coste o hacer algo diferente que el cliente valore. Y esa ventaja no la crearán las máquinas por sí solas, sino personas con ayuda de máquinas.
La IA, combinada y sincronizada con otras tecnologías, tiene una enorme capacidad de cambio. Pero lo que marca la diferencia son las personas: saber formular las preguntas adecuadas, decidir dónde aplicar la tecnología y asumir la responsabilidad estratégica después de “apretar una tecla”. No podemos convertirnos en espectadores de la IA. Somos las personas quienes debemos extraer su máximo potencial.
El programa AI Adoption ha sido un ejemplo de cómo explorar oportunidades tecnológicas con sentido práctico. Pero explorar no es suficiente: las empresas necesitan capacidad de pensar y decidir qué soluciones incorporar y cuáles no. Este programa ha facilitado este encuentro de trabajo colaborativo dentro del ecosistema de INDPULS para impulsar la implementación real de soluciones de IA en el tejido industrial.
El futuro debe estar en la agenda del presente, pero no olvidemos que aún no paga las facturas de hoy. Xavier Marcet.
INDPULS nace para promover innovación, y en un contexto en el que la IA se democratiza, la diferencia volverá a estar en las personas. La IA será un extraordinario campo de simulación para innovar, pero la empresa sigue siendo una comunidad de personas, no una comunidad de máquinas.
Advirtió que el talón de Aquiles de la IA será la calidad de los datos y que su despliegue impactará en la cultura organizativa. Más datos y más capacidad de análisis exigirán una mayor confluencia entre ingenieros y humanistas. Habló incluso de un “Renacimiento de la autenticidad”: en un entorno cada vez más automatizado, la autonomía y la autenticidad humanas serán diferenciales.
En definitiva, la IA amplía capacidades, pero no sustituye liderazgo, criterio ni visión. Las ventajas competitivas seguirán estando lideradas por personas capaces de combinar tecnología, estrategia y una comprensión profunda del cliente. El verdadero reto no es tecnológico. Es de management, de cultura y de creación de valor.